Protección o sobreprotección en la crianza: Signos de alarma y sugerencias para el desarrollo de la autonomía en los niños

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niño mirando por la ventana

En este post te ayudamos a identificar cuándo los adultos o padres estamos dejando de proteger para sobreproteger a un niño, cuáles son los signos de alarma y qué podemos hacer para una crianza que fomente la autonomía en los niños.

 

Escrito por Jordi Gil.

Psicólogo Barcelona. Terapeuta Gestalt.



Psicología y Terapia Gestalt


Sobreprotección: Definición

La protección psicológica y física es vital para nuestros hijos, la sobreprotección es otra cosa. A veces se confunde protección con sobreprotección. Como dice el terapeuta Gestalt Marcelo Antoni, "protegerse es salir a la calle con un paraguas en un día de lluvia y sobreprotección es salir con siete". La sobreprotección no es amor, aunque se disfrace de buenas intenciones, mayormente es una angustia adulta depositada en proteger de un modo exagerado a un ser que debe experimentar su unidad, su vulnerabilidad y su capacidad de ser autónomo. Fundamentar la autonomía es la misión paterna, sobreproteger es minarla y no dejar que la persona crezca desde su interioridad.

 

Podríamos decir que sobreproteger a un hijo es ir más allá de cubrir y satisfacer sus necesidades y cuidados básicos. Es pensar por el hijo, tomar decisiones por el hijo, solucionar todos los problemas del hijo. Sobreproteger es quitarle poder para desarrollarse, o para ser quien es. Es una invasión, una mutilación de recursos naturales y por tanto una agresión. Es vivir por el hijo, cuando el hijo es, en esencia, una persona que debe desarrollar sus propias capacidades personales si quiere funcionar correctamente en el mundo.

 

Sobre-proteger es ir en contra de lo que es una crianza, la cual es un proyecto de ayuda a tu hijo para que este sea una persona autónoma, independiente y feliz.

 

Los signos de un niño sobreprotegido:

En esta herida de sobreprotección el niño experimenta:

  • Mis padres no confían en mis capacidades por tanto algo en mi falla, quizás sea débil, tonto, debo estar poco preparado para vivir. Se da una experiencia de incapacidad que fácilmente perdurará en la vida adulta.
  • O se vive otro polo del asunto. Debo ser muy especial, los demás deben de estar por mí, necesito ser admirado, la vida y el mundo me deben cuidados extra.
  • Se me privan oportunidades de aprendizaje, no puedo desarrollarme, mis recursos innatos se atrofian y los nuevos no reciben condiciones para emerger.
  • Mi deseo debe imperar. El niño necesita gestionar su deseo y su frustración, y tolerar que no todo sea posible. El futuro adulto sufrirá de forma exagerada ante las inclemencias inevitables de la vida.
  • No puedo sentirme a mí mismo, siempre hay un adulto cerca. Esto produce angustia, estrés y agobio. No me puedo perfilar. Se da una vivencia de invasión constante. La intimidad es violada y no respetada.
  • Soy un recipiente abierto y disponible para la emoción o angustia de nuestros padres. No sé si lo que siento es mío o del otro. Diferenciar lo propio de lo ajeno es dificultoso y es necesario para tener relaciones sanas.
  • No me dejan decidir. Decidir nos da existencia. No hacerlo me la quita. Tomar decisiones e iniciar acciones nos empodera. O yo decido lo que se hace o no, de repente un niño vivencia el peso de decidir lo que hace toda la familia.
  • Se fundamenta la dependencia. Sin el otro no soy un ser suficientemente capaz para vivir. ¿Soy un “inútil” que siempre necesita a otro a su lado
  • El miedo está servido. Si me protegen tanto está claro que el mundo es peligroso y hostil “No hagas eso que puedes lastimarte”, “No vas a ir a dormir a casa de tu amigo porque yo no conozco esa casa”, “No irás a la excursión porque los animales pueden ser peligrosos”. El mundo es potencialmente hostil y también es potencialmente benefactor y es una maravilla que debe ser descubierta.
  • Existe una baja tolerancia a la frustración, ya que se me desconecta del deseo, no se me da tiempo para reconocerlo y de la frustración, esta debe ser evitada.
  • Los padres siempre se aseguran de que este niño no sufra por nada ni se frustre cuando no consiguen lo que quieren, dándoles todo lo que piden en el momento que lo piden y minimizando su dolor. La frustración es evitada y por tanto se cancela la posibilidad de aprender a tolerar. La sobreprotección es una cancelación de recursos. Se boicotea la posibilidad de aprender a tolerar que las cosas no siempre salen en la vida como a uno le gustaría y nos guste o no, esta es la realidad y se puede transitar por ella con suficiente satisfacción.
  • También puede darse que bajo el cobijo de la familia que practica la sobreprotección el hijo sienta que lo tiene todo y que los padres son una especie de sirvientes que están a sus pies cuando ellos lo necesitan.
  • Lo claro es que los padres no confían en la autorregulación del niño e interfieren en su curiosidad y en su instinto de exploración. Todos los niños necesitan que se confíe en ellos.

Sugerencias para adultos y padres: La herida de sobreprotección y la herida del abandono:

Si siempre estamos anticipándose al niño lo que le va o no a ocurrir, si no le dejamos equivocarse para aprender y si lo hacemos todo por ellos, evidentemente, estamos limitando su capacidad de aprendizaje. Se da una anulación del desarrollo de las capacidades personales por vía activa, a través de acciones, a diferencia de la herida de abandono donde esta se da por vía pasiva, desde la no-acción. Los árboles se ahogan con mucha agua y se secan si no se les nutre.

 

Se boicotea la capacidad del organismo para darse cuenta de y para gestionarse desde su darse cuenta. Si antes de que el niño tenga ganas de orinar, ya lo estamos obligando a ir al baño “porque no vaya a ser que luego te entren ganas y no encontremos un sitio para hacerlo”, él no sabrá identificar por sí mismo sus propias señales fisiológicas cuando necesite ir al baño e iniciar una acción coherente a la misma.

 

Si no dejamos caer a un niño, nunca aprenderá a gestionar una caída. Las personas aprendemos por consecuencias negativas y positivas debido a nuestras experiencias directas, por lo que es indiscutible la necesidad de que el niño experimente con el mundo para aprender a manejarse mejor en el futuro y formar su propio auto criterio basado en sus experiencias.

 

Es importante destacar lo dañino de esta herida, es algo realmente dañino para su salud mental. Actualmente lo que está sucediendo es que muchos padres con herida de abandono están sobreprotegiendo a sus hijos.

 

La sobreprotección se traduce en una castración de recursos y capacidades, su efecto es parecido a talar árboles de un bosque.

Es importante confiar en el niño, en sus recursos naturales y en su capacidad de respuesta.

 

Y desde esta confianza adoptar una distancia ecológica en la que no estamos ni cerca ni lejos, disponibles para que el niño nos pida ayuda mientras el busca la manera de defenderse de un niño que le ha quitado un juguete.

 

Por Jordi Gil Martin - Co-Director Gestalt Salut Psicoterapia

Puedes contactar al autor a través del formulario al final de la publicación. 

Bajo licencia Creative Commons BY-NC-ND

 

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Comentarios: 1
  • #1

    LETICIA MORALES (sábado, 03 noviembre 2018 21:10)

    Excelente artículo, felicidades!