Test emocional para padres y madres en 3 pasos: ¿Cómo gestionas tus emociones en la crianza? – Gestalt Salut

crianza

 

Test emocional para padres y madres en 3 pasos

padre con sus hijos
ser padres y la gestión emocional

Un aspecto que modula nuestras relaciones con nuestro hijo es cómo vivimos su emocionar, y nuestras facilidades o dificultades en el rol del cuidador cuando éste transita por una emoción determinada. Partiendo del trabajo con las 4 emociones básicas (tristeza, miedo, enfado y alegría) iniciamos un test para padres y madres, para acompañarles en el desarrollo de un espacio interno de neutralidad emocional, como punto clave en la crianza.


Las vacaciones mayormente implican un mayor contacto con nuestros hijos, y por tanto una mayar cantidad de emocionalidad.

Un aspecto clave en la crianza es que el adulto revise su relación con las emociones, reconociendo su facilidad o dificultad a la hora de vivenciarlas. Lo emocional configura nuestras acciones educativas.

Gestionar nuestras emociones nos ayuda a gestionar las de nuestro hijo y la de los demás.

Un aspecto que modula nuestras relaciones con nuestro hijo es como vivimos su emocionar. Nuestras facilidades o dificultades en el rol del cuidador, a veces se traducen en un mayor o menor acercamiento respecto al niño cuando este transita por una emoción determinada “me alejo de mi hijo cuando está enfadado”

Además, somos un modelo de relación para nuestros hijos. Partiendo del trabajo con las 4 emociones básicas (tristeza, miedo, enfado y alegría) Iniciamos un test para padres en tres pasos.

1er paso: Las emociones fáciles/difíciles de experimentar o atender

– ¿qué dos emociones te es fácil experimentar?

No me cuesta estar enfadada o alegre”

– ¿qué dos emociones te es difícil experimentar?

no soporto tener miedo, me da mucho miedo el miedo”

la tristeza es lo peor”

– ¿qué dos emociones te es fácil atender en otra persona?

me es fácil atender la tristeza y el miedo”

– ¿qué emoción te es difícil atender en otra persona?

me cuesta ayudar a alguien que está enfadado”

2do paso: Opinión acerca de las emociones

– ¿Qué opinas de la tristeza?

creo que es peligrosa”

– ¿Qué opinas de la alegría?

me gusta, pero dura poco”

– ¿Qué opinas del enfado?

es una energía muy fuerte tiene que ser controlada

– ¿Qué opinas del miedo?

no me gusta, es de cobardes”

3er paso: Las vivencias, impulsos y aquello que puedes hacer

¿Cómo vives la tristeza de tu hija?

la verdad es que me cuesta, me pongo triste también”

¿Qué impulsó te surge?

me nace quitársela”

¿eso la ayuda a ella?

ella no se siente atendida”

¿Qué puedes hacer de distinto?

preguntarle qué necesita”

La misma cuestión para la alegría, el miedo y el enfado.

La neutralidad: un punto de apoyo para sostener y gestionar lo emocional

La crianza es un excelente campo de experiencias donde aprender a gestionar emociones, sin negarlas o exagerarlas.

El primer punto fundamental es darles espacio y no penalizarlas.

Lo emocional nos mueve y conmueve. Aporta vitalidad y matiza nuestras experiencias. Son una brújula en nuestras relaciones. Nos facilitan darnos cuenta de que y cuando nos pasa lo que nos pasa. Son informaciones vitales de cómo nos afectan las cosas y las personas.

Para entrar y salir de ellas es importante cultivar y desarrollar un espacio interno de neutralidad emocional, que nos facilite acompañar nuestra emoción y la de nuestro hijo/a sin caer en un desborde, bloqueo emotivo o desconexión emocional.

Pudiendo mínimamente vivenciarlas, transitarlas y gestionarlas ejercitamos una gimnasia emocional que nos permite atender al unísono nuestra emocionalidad y la de nuestro hijo.  Este es el desafío. Para tal fin es importante construir un espacio neutro desde el cual no me pierdo en ellas y las gestiono de un modo amable.

Es importante desarrollar la capacidad de entrar y salir de las emociones manteniendo cierta neutralidad. Si no puedo sostener mi ira la volcare en el pequeño o me la negare, sí me cuesta gestionar la tristeza se la traspasare o lo abandonare cuando esté en ella. Existen múltiples gestiones de lo emocional. Lo interesante es aprender distintas formas de gestión y encontrar las que nos sean más nutricias en los distintos contextos que se suceden.

El niño necesita de un cuidador que sepa contenerse y neutralizarse si es necesario, esto le da seguridad para poder estar con su emocionar.

Es clave el aprender a reconocer cómo podemos acceder a cierto nivel de neutralidad. Esta neutralidad facilita el acompañar. Aporta una gran dosis de serenidad que facilita su exploración y expresión.

En definitiva, la salud de un niño dependerá en gran parte de lo sano que esté el adulto en la conciencia y gestión de su emocionar.

El niño no quiere un adulto perfecto, quiere un adulto que, de espacio, atienda y acompañe su experiencia lo mejor que sabe, un adulto atento y amable con las experiencias por las que va transitando.

 

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