Preferencias

Prefiero el cine.

Prefiero los gatos.

Prefiero los robles a orillas del Warta.

Prefiero Dickens a Dostoievski.

Prefiero que me guste la gente

a amar a la humanidad.

Prefiero tener a la mano hilo y aguja.

Prefiero no afirmar

que la razón es la culpable de todo.

Prefiero las excepciones.

Prefiero salir antes.

Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.

Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.

Prefiero lo ridículo de escribir poemas

a lo ridículo de no escribirlos.

Prefiero en el amor los aniversarios no exactos

que se celebran todos los días.

Prefiero a los moralistas

que no me prometen nada.

Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.

Prefiero la tierra vestida de civil.

Prefiero los países conquistados a los conquistadores.

Prefiero tener reservas.

Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.

Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas

del periódico.

Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.

Prefiero los perros con la cola sin cortar.

Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.

Prefiero los cajones.

Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado

a muchas otras tampoco mencionadas.

Prefiero el cero solo

al que hace cola en una cifra.

Prefiero el tiempo insectil al estelar.

Prefiero tocar madera.

Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad

de que el ser tiene su razón.

 

Wislawa Szymborska

 

Este poema explica la cuestión del preferir que se asemeja al apostar por algo o alguien, aun sin certezas entre el sutil equilibrio entre la fe y el gustar. 

 

Es una apuesta vital.

A veces en la vida no sabemos con exactitud o al 100% si queremos ir al cine o quedarnos en casa, la preferencia es como una decisión sutil que nos dice no se con certeza que es mejor para mí pero algo dentro mío me dice prefiero no quedarme en casa. Pide estar abierto a mi necesidad interna.

 

En esta sociedad a veces dura se nos exige decidir entre una cosa o la otra, y no estamos seguros al 100% podemos preferir una opción sin necesidad de estar plenamente seguros, ¿quien dice que es necesario tener un 100% de seguridad o certeza?

¿Qué quieres café o un refresco? La verdad es que no tengo ni idea pero si escucho a mi cuerpo decido un café aunque sé que con un refresco también estaría cómodo. Decir sí a algo no es desestimar a otra cosa.

 

El poder decidir “prefiero que no” sin dar explicaciones o necesitar que el otro me los valide es un ejercicio de autoafirmación y no depender de la validación de los demás, prefiero no quedar contigo esta mañana sin más, o prefiero decirte lo que me pasa aunque no sé muy bien porque, no es necesario explicarse tanto o saber todos los porqués de las cosas. Nos suceden cosas y punto.

 

Por mi parte prefiero dejarlo aquí aunque sé que podía seguir escribiendo.

 

Jordi Gil Martín

Co-Director de Gestalt Salut Psicoterapia

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