La casa de los yoes

Después de realizar una sesión de terapia, apareció en mi mente la idea de que todos poseemos una casa interna en la cual viven nuestros yoes y que en determinadas situaciones o momentos vitales uno de ellos toma más protagonismo en nuestro vivir, etapas en las que un yo más depresivo o pesimista impera por encima de todos o un yo hedonista que nos hace buscar placer hoy si mañana también.

 

 

Si contemplo un día cualquiera observo que actualmente en mi trabajo de las mañanas está más presente en mi realidad interna, en cómo me siento y en mi actuar el Jordi autístico, falto de emocionar o sentir, diplomático con los demás y evitador de conflictos, si le tuviera que poner un apodo lo llamaría Jordi isla, este sería un rol que actuó, una energía interna que me posee, que se plasma en figura en mi experiencia, un yo, un dispositivo de mi ser que dinamiza lo que me va pasando ya sea a nivel interno o externo

 

Al llegar a casa emerge un Jordi que dosifica la energía y mayormente descansa mentalmente del poco rato del que dispone, le llamaría Jordi dosificador y ya a la tarde emerge mi yo implicado y curioso, el terapeuta, a la noche nos encontramos al Jordi hedonista el cual no tolera cualquier fenómeno desagradable, su hedonismo esconde rigidez y autoexigencia.

 

Al hablar de todos ellos me doy cuenta de su secuencia y de la estructura de personajes internos que viven en mí, como entran y salen de mi casa interna en un orden, en una rigidez que yo fuerzo.

 

El juego de yoes o de roles del yo se sostiene gracias a que nuestra voluntad prioriza en la percepción, determinados deseos, acciones y percepciones que nutren al personaje, que dan fuerza a un tipo de funcionamiento. Esta percepción y actuación nos retroalimentan igual que un brazo se muscula al repetir un ejercicio.

 

Es una ceguera del ser a veces deseada y a veces inevitable , sólo puedo estar en un lugar, cuando estoy en mi hedonismo no deseo ver la pobreza externa ni la mía, tampoco tengo que ver mi pobreza de ser cada día ni regocijarme en la misma solo poder acogerla si aparece. Aquí ya estamos  hablando de no ser fóbicos respecto a cualidades que uno también es, un ejercicio útil seria empezar a decir desde la presencia, “yo soy cobarde, yo soy miedoso, yo soy valiente, yo soy noble,…” durante un minuto y finalizar afirmando la palabra que nos valida, decir “sí” añadiendo “y soy digno”, mi cobardía no me hace menos digno o menos merecedor de una buena vida y tampoco mi inteligencia.

 

La casa de los yoes es de nuestra propiedad aunque a veces un yo tome el poder sin nuestro permiso o salga a pasear algo de nosotros que queremos ocultar como mi yo vago.

 

Igual que a veces enviamos un determinado yo a una misión de vida como tomar nuestro yo disciplinado para poder estudiar unas oposiciones, o le encargamos al yo perezoso el domingo por la mañana o al yo sano a hacer una maratón.

 

Nos subdividimos a voluntad e involuntariamente de ambas maneras, la conciencia y el trabajo con la presencia nos permite contactar con lo que somos y con lo que hacemos con lo que somos.

 

Jordi Gil Martín

Co-Director Gestalt Salut Psicoterapia

 

pd: dedicado al pasado

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